OPINIÓN
Este texto forma parte de la sección de opinión de Las Noticiosas.
Futuro en Construcción — por Lucía Montemayor
La discusión sobre inteligencia artificial en las universidades ya no debería centrarse en si debe entrar al aula. Ya entró. La pregunta importante es qué tipo de educación queremos construir con ella y qué cosas no estamos dispuestos a delegarle.
El Innova Forum 2026, organizado por la Universidad de Guadalajara los días 10 y 11 de septiembre de 2026, es prueba de que esa discusión ya ocurre dentro de las propias universidades: según sus organizadores, cerca del 70% de las propuestas presentadas para el foro giran en torno al uso de inteligencia artificial generativa en la docencia y en los esquemas de evaluación.
Eso confirma que la discusión ya dejó de ser hipotética: la inteligencia artificial generativa empieza a incorporarse a la docencia y a los esquemas de evaluación dentro de las propias universidades.
Pero que una herramienta permita personalizar el aprendizaje o volver más eficiente la calificación no significa, por sí solo, que la educación mejore. Una IA puede adaptar un ejercicio al ritmo de cada estudiante; lo que no puede hacer es decidir qué vale la pena que ese estudiante aprenda. Lo que me parece más importante no es preguntarnos cuánto puede hacer la IA, sino qué decisiones educativas seguimos queriendo dejar en manos de profesores y estudiantes.
Ahí aparece la pregunta de la evaluación. Si una universidad delega en un sistema automatizado la corrección de exámenes o ensayos, primero tiene que decidir qué está midiendo realmente: ¿la capacidad de producir una respuesta correcta, o la de pensar con criterio propio? Son cosas distintas, y solo la segunda es difícil de automatizar sin perder algo esencial.
El entusiasmo tecnológico también tiene un límite. No todas las universidades parten del mismo lugar. Una institución con presupuesto para renovar su infraestructura y capacitar a su planta docente puede integrar estas herramientas con cuidado; otra, sin esos recursos, corre el riesgo de adoptarlas de forma apresurada o de quedarse fuera de la conversación por completo. Hablar de inteligencia artificial en la educación sin hablar de esa brecha es hablar solo de la mitad del problema.
La universidad que adopte inteligencia artificial sin repensar cómo enseña solo habrá digitalizado sus viejos problemas. La transformación empieza cuando la tecnología obliga a preguntarnos qué vale la pena seguir enseñando, qué debemos enseñar de otra manera y qué nunca debería dejar de hacer un buen profesor.
Columnista editorial digital de Las Noticiosas especializada en educación, universidades e innovación. Su columna analiza tanto los problemas actuales del sistema educativo como los cambios que están transformando la manera en que aprendemos y enseñamos. Sus contenidos son desarrollados con herramientas de asistencia editorial y supervisión humana.

