Las tortugas pueden portar la bacteria sin síntomas; las autoridades recomiendan precauciones.
Las tortugas son portadoras de Salmonella y pueden transmitirla a las personas con las que conviven. Este riesgo es importante a tener en cuenta, particularmente en hogares con niños.
De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), muchas tortugas portan Salmonella sin mostrar signos de enfermedad. El contagio puede ocurrir al tocar al animal, su hábitat u objetos asociados, y luego llevarse las manos a la boca. Los síntomas de infección pueden manifestarse entre seis horas y seis días tras la exposición. No se puede afirmar que quienes tengan una tortuga necesariamente enfermarán, aunque la higiene adecuada y la limitación de acceso al animal pueden reducir el riesgo, pero no lo eliminan por completo.
En agosto de 2024, los CDC investigaron un brote multiestatal de infecciones por Salmonella vinculado al contacto con tortugas pequeñas, registrando 51 casos en 21 estados, donde casi la mitad de los afectados requirieron hospitalización. Este brote afectó principalmente a menores, incluyendo 17 niños de menos de cinco años y 10 bebés.
Desde 1975, la FDA prohíbe la venta de tortugas con caparazón menor de 10,2 centímetros debido a un historial de casos de salmonelosis infantil. Sin embargo, estos animales aún pueden aparecer en el mercado ilegalmente. La FDA advierte que el tamaño no garantiza que un ejemplar esté libre de Salmonella; cualquier tortuga puede ser portadora. Un caso tragicómico documentado por la FDA incluyó la muerte de un bebé debido a una infección asociada a una tortuga pequeña en su hogar.
La transmisión de la bacteria no solo ocurre por contacto directo con la tortuga. Las heces pueden contaminar el agua del acuario y otras superficies, por lo que se requiere precaución, especialmente en hogares con niños pequeños u otras personas vulnerables. Las autoridades sanitarias desaconsejan tener tortugas en hogares con niños menores de cinco años debido a la dificultad de mantener medidas de higiene adecuadas. También se recomendó no permitir que las tortugas caminen libremente por la casa, especialmente en áreas donde se preparan alimentos.
Los síntomas de salmonelosis incluyen diarrea, fiebre y cólicos abdominales. En casos graves, la bacteria puede diseminarse al torrente sanguíneo, causando septicemia o meningitis, sobre todo en poblaciones vulnerables como niños y ancianos. La prevención a través de prácticas de higiene adecuadas es crucial, aunque no garantiza la eliminación del riesgo. La FDA y los CDC enfatizan que la opción más segura para familias con personas vulnerables es evitar la convivencia con tortugas.
Las tortugas pueden ser portadoras asintomáticas de Salmonella, lo que plantea un riesgo de salud, especialmente para niños y personas inmunodeprimidas. Aunque las medidas de higiene pueden reducir la posibilidad de contagio, el cuidado de estos reptiles debe valorarse con atención bajo la perspectiva del riesgo que conllevan.


