El sector ganadero de Tamaulipas trabaja para que el ganado de la entidad pueda volver a cruzar hacia Estados Unidos en el primer semestre de 2027. Así lo dio a conocer José Guerrero Gamboa, presidente de la Unión Ganadera Regional de Tamaulipas, quien detalló que hace algunos días se realizó una reunión en la estación cuarentenaria del puente Colombia, en Nuevo León, con participación de autoridades estadounidenses. Según el dirigente, esas autoridades determinaron que el sitio cuenta con buenas instalaciones y cumple con las disposiciones requeridas. Se trata, hasta ahora, de un avance en la ruta técnica y no de una reapertura autorizada.
La relevancia de las estaciones cuarentenarias no es menor y conviene explicarla: son el eslabón donde se verifica el estatus sanitario de los animales antes de que crucen una frontera. Sin instalaciones certificadas y sin protocolos reconocidos por la contraparte, no existe corredor comercial posible, por mucha voluntad política o comercial que haya de los dos lados. Que un sitio sea evaluado y calificado como apto es, por eso, un paso necesario, aunque no suficiente, dentro de un proceso cuyas reglas no las fija quien exporta.
De ahí que convenga ser precisos sobre el alcance del anuncio. La expectativa de abrir en el primer semestre de 2027 corresponde a la meta que se ha fijado el propio sector ganadero de Tamaulipas, expresada en términos de deseo: “esperamos que para el primer semestre de 2027 podamos estar abriendo la frontera”. No es un calendario confirmado por las autoridades de Estados Unidos, y el paso del ganado tamaulipeco dependerá de que se cumplan condiciones sanitarias y de verificación que no están bajo control exclusivo de la parte mexicana. Presentar la fecha como un hecho cerrado sería un error; presentarla como una meta con avances concretos es lo que los hechos permiten sostener.
El otro frente es la estación cuarentenaria proyectada en el ejido La Gloria, municipio de Mainero, que el Gobierno del Estado impulsa para fortalecer el control de los productos cárnicos. El propio dirigente ganadero le atribuye un alcance regional: no solo atendería al ganado de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, sino que mejoraría el tránsito y la supervisión sanitaria de los animales que se movilizan por la zona. En paralelo, se prevé que las próximas estaciones se ubiquen en Ciudad Acuña, Coahuila, y en Colombia, Nuevo León, con capacidad para recibir ganado de Durango, Coahuila y Tamaulipas una vez autorizado el paso. Actualmente, recuerda el dirigente, las fronteras abiertas son las de Sonora y Chihuahua.
Para Tamaulipas, este expediente tiene un peso económico difícil de exagerar. La ganadería es una actividad tradicional y dispersa por el territorio, sostén de economías rurales y de empleo en regiones que no cuentan con muchas alternativas productivas. Un cierre prolongado de la frontera al ganado no solo afecta a los grandes exportadores: presiona precios, encarece el mantenimiento de los hatos y desincentiva la inversión de largo plazo, que es precisamente la que exige una actividad de ciclos largos. Por eso el tema merece seguimiento riguroso y no solo declaraciones de coyuntura.
Como medio, sostenemos una posición sencilla: el objetivo de reabrir la frontera es legítimo y la ruta técnica emprendida parece la correcta, pero la información pública sobre este proceso debe ser verificable y ordenada. Pedimos a la Unión Ganadera Regional y a las autoridades estatales y federales que informen con hitos medibles —auditorías, certificaciones, protocolos firmados— y no solo con expectativas de fecha, y que expliquen con claridad qué falta para que el ganado tamaulipeco vuelva a cruzar. Dar seguimiento a ese calendario, y contrastarlo con los hechos, será parte de nuestra labor editorial en los próximos meses.
