La Cancillería respondió a Texas, que declaró suyas nueve islas del río Bravo, y recordó que el límite internacional lo define el Tratado de Límites de 1970 y lo aplica la CILA.
La Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) sostuvo este viernes que la frontera entre México y Estados Unidos “no puede modificarse por decisión de un Gobierno estatal”, en respuesta a las autoridades de Texas, que declararon de su propiedad nueve islas del río Bravo. En un comunicado, la Cancillería —encabezada por el canciller Roberto Velasco, según El Universal— fijó la postura jurídica del Estado mexicano: los límites se definen por tratados internacionales, no por determinaciones de una entidad subnacional.
El pronunciamiento de la SRE llegó dos días después de que la comisionada de Tierras de Texas, Dawn Buckingham, anunciara que el estado se había “apoderado” de nueve islas ubicadas en el tramo fluvial de la frontera y autorizara el acceso de elementos militares y fuerzas del orden a esa demarcación. La Oficina General de Tierras de Texas (GLO) precisó en la red social X que la extensión total ronda los 66 acres y que los terrenos quedan bajo jurisdicción texana para, según su versión, protegerlos y erradicar actividades ilegales.
La Cancillería mexicana estructuró su respuesta en tres argumentos. El primero es el Tratado de Límites de 1970, que establece que en el río Bravo el límite internacional corre por el centro del cauce normal del río. “Ese límite determina la soberanía de las tierras en ambos lados de la frontera, independientemente de la soberanía previa que hayan tenido esas tierras”, señala el comunicado difundido por El Siglo de Torreón y retomado por López-Dóriga y Cadena Política.
El segundo argumento es de competencia: la Comisión Internacional de Límites y Aguas (CILA) es la instancia facultada por ambos gobiernos para aplicar el Tratado y determinar de qué lado del límite se encuentra cada isla. “Ninguna autoridad estatal tiene esa atribución”, zanjó la dependencia. El tercero se refiere a las obras en la zona: “Ningún país puede construir obras” que, a juicio de la CILA, puedan desviar u obstruir el escurrimiento normal del río.
El diferendo toca un punto técnico con consecuencias prácticas. La frontera en el Bravo no es una línea fija: el cauce se desplaza y con él la soberanía sobre bancos e islas, lo que obliga a la medición constante de la comisión binacional. De ahí que la SRE insista en que la clasificación de cada isla corresponde a un órgano técnico y no a una declaración unilateral. La cancillería añadió que dará “seguimiento puntual a cualquier acción en la zona” y reiteró “su compromiso con el cumplimiento de los tratados que rigen la frontera común y con el diálogo bilateral a través de los mecanismos establecidos”.
El episodio se produce en un contexto de tensión migratoria y de seguridad entre ambos países, que las propias autoridades mexicanas ubican desde el inicio del segundo mandato del presidente estadounidense, Donald Trump. La Jornada San Luis enmarcó la respuesta como una reacción del gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo frente a la “apropiación” texana, mientras que la GLO justificó su decisión en la necesidad de mantener la seguridad operativa en la zona y eliminar posibles escondites de grupos criminales, de acuerdo con la información difundida por medios nacionales.
Hasta ahora no se ha confirmado si la CILA emitirá una verificación formal sobre la situación de las nueve islas ni si la SRE presentará una reclamación por la vía diplomática. Tampoco hay una fecha pública para una reunión bilateral sobre el tema.
El expediente queda así en manos de los mecanismos binacionales: corresponde a la CILA determinar de qué lado del límite se ubica cada isla y a la vía diplomática resolver la diferencia, mientras la SRE advirtió que vigilará cualquier acción en el tramo fronterizo. No se ha informado de un plazo para esa verificación ni de una respuesta formal del gobierno de Estados Unidos a la postura mexicana.
Fuentes: El Siglo de Torreón, La Jornada San Luis, Cadena Politica, El Universal, López-Dóriga Digital
