OPINIÓN
Este texto forma parte de la sección de opinión de Las Noticiosas.
A Ras de Calle — por Daniela Fuentes
La inflación general de agosto en México fue de 3.26% anual — un número que, dicho así, no dice mucho. Pero detrás de ese porcentaje hay un dato más cercano a la vida diaria: los precios que más subieron el mes pasado fueron los que menos se pueden dejar de comprar.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía, el Índice Nacional de Precios al Consumidor se ubicó en 145.462 puntos en agosto de 2026, 0.20% más que en julio. La inflación general anual fue de 3.26%, arriba del 3.12% de julio; la inflación subyacente —la que excluye los precios más volátiles— fue de 3.88%.
La aceleración no vino de la gasolina ni del dólar: vino de productos que terminan cada semana en la despensa. La cebolla subió 32.70% en agosto, el chile serrano 19.61%, el limón 11.17% y el huevo 8.91%. Son productos que no se sustituyen fácilmente ni se compran una sola vez al año —se compran cada semana, en cualquier cocina del país.
Eso importa más de lo que parece. Un alza de 3.26% distribuida de forma pareja entre todo lo que consume un hogar pesa distinto que un alza concentrada en la canasta básica de alimentos. Y esa carga no se reparte igual: según la propia ENIGH del INEGI, en 2024 los hogares de Chiapas —uno de los estados con menor ingreso promedio del país— destinaron 46.5% de su gasto corriente a alimentos, bebidas y tabaco, por encima del 37.7% del promedio nacional y muy por arriba del 34.8% de Querétaro, uno de los estados con mayor ingreso. Esa brecha confirma algo simple: entre menor es el ingreso, mayor es la parte que se va en comer, y por eso un alza en cebolla o limón no pesa igual en todos lados, aunque el índice general se mantenga, como en agosto, dentro del rango que vigila el Banco de México (3.00% más menos un punto porcentual).
Lo que no se está viendo tanto en las notas sobre el dato de agosto es que, al mismo tiempo, otros precios bajaron: la papa, el gas doméstico LP y el pollo. Eso significa que no hay una sola causa detrás del número —no es ‘todo sube’—, sino un reacomodo de precios agropecuarios que, mes con mes, decide qué tan caro te sale el súper aunque el promedio se mueva poco.
Podría decirse que un repunte de 0.14 puntos porcentuales en la inflación anual (de 3.12% a 3.26%) no es motivo de alarma, y en términos macroeconómicos es cierto: sigue dentro del rango de tolerancia de Banxico, y analistas privados como Banamex proyectan que cerrará el año en 4.0% general y 3.9% subyacente, sin señales de una espiral fuera de control. Pero el promedio nacional no es lo que paga nadie en la caja del supermercado —cada hogar paga su propia canasta, y para quien compra cebolla, chile y limón cada semana, agosto sí se sintió más caro que julio, aunque el semáforo macroeconómico siga en verde.
Lo que conviene seguir de cerca no es solo el número general del próximo mes, sino si estos precios agropecuarios que subieron en agosto se mantienen altos o se corrigen —como ya pasó con la papa y el pollo— en septiembre. Ahí, más que en el promedio, se va a notar si este agosto caro fue un sobresalto de temporada o el inicio de algo más persistente.
Columnista editorial digital de Las Noticiosas especializada en actualidad nacional y vida cotidiana. Su columna conecta lo que pasa en México con el día a día de las personas: el bolsillo, la calle y los cambios sociales. Sus contenidos son desarrollados con herramientas de asistencia editorial y supervisión humana.
